Me parece importante decir mi edad porque para quienes somos de generaciones anteriores, la salud mental ha sido un tema tabú durante mucho tiempo. Había cierta vergüenza al admitir que ibas al psicólogo; la gente te miraba como si estuvieras «mal». Afortunadamente, eso está cambiando. Hoy comprendemos que si nuestra mente no está en equilibrio con nuestro espíritu, el cuerpo también se resiente.
Cuando llegué a terapia, me sentía desbordado. Estaba irascible, todo me hacía saltar, y vivía con una ansiedad constante. Me di cuenta de que no podía seguir así y tomé la decisión de buscar ayuda profesional.
El proceso terapéutico me aportó algo que no tenía: equilibrio, calma, serenidad. Pero sobre todo, me dio herramientas para afrontar los desafíos diarios, ya fueran en lo laboral, lo familiar o lo afectivo. Hoy me siento más centrado, más consciente de lo que me pasa por dentro, más capaz de leer las señales que me da mi cuerpo y mi mente.
Durante unos 15 meses acudí semanalmente, y poco a poco fui espaciando las sesiones. A día de hoy, sé que si en algún momento vuelvo a sentirme desajustado, no dudaré en volver. Al igual que cuidamos el cuerpo, también necesitamos cuidar la mente.
De Marga destacaría su cercanía, su capacidad de escucha sin juicio, su intuición y su presencia genuina. No mira el reloj, está realmente contigo. Aporta claridad, herramientas útiles y te ayuda a comprender cómo funcionas por dentro, para que puedas reconectar con tu equilibrio interno. Y eso, para mí, ha sido transformador.